(Santiago de Cuba, 12 de julio de 1815-Kingston, 27 de noviembre 1893).

Heroína.

Se destacó durante la Guerra de los Diez Años contra el dominio español en Cuba, participando activamente en la misma como enfermera. Su esposo y varios de sus hijos dieron sus vidas por la independencia.

Nació el  hija de pardos libres. Su padre era de origen dominicano y su madre criolla. La familia residía en El Cristo, en las cercanías de Santiago de Cuba, donde Mariana Grajales pasó la infancia, la adolescencia y parte de su juventud. El 21 de marzo de 1831 contrajo matrimonio con el joven santiaguero Fructuoso Regüeifero, y la pareja se estableció en una finca próxima a la de sus padres. De esa unión nacieron cuatro hijos. Siete años después enviudó, por lo cual retornó al hogar paterno, consagrada a la educación de sus hijos.

En 1841 conoció a Marcos Maceo, natural de Santiago de Cuba, a quien se unió. El nuevo esposo poseía una economía desahogada que le permitió adquirir tierras, ganado vacuno y caballar, y viviendas en el campo y en la ciudad. Entre los amigos de Mariana y Marcos se encontraban figuras sobresalientes de la intelectualidad criolla como José Asencio de Asencio -quien fuera padrino de Antonio Maceo, el mayor de los hijos del matrimonio, nacido el 14 de junio de 1845. Cuatro años después nacería José Marcelino Maceo. El último de los hijos nació el 24 de septiembre de 1860 y llevó el mismo nombre del padre. El matrimonio se legalizó el 6 de julio de 1851 en la iglesia parroquial de San Nicolás de Morón, en San Luis, departamento de Santiago de Cuba.

Los hijos debían participar en las labores del campo, en donde se cultivaba en abundancia café, tabaco, plátano, así como frutos menores para la alimentación familiar. Guiados por el padre aprendieron a montar caballo, usar el machete, la espada y las armas de fuego. En las frecuentes reuniones familiares que organizaba Mariana, una de las hijas leía para todos; entre las lecturas predilectas de los jóvenes se hallaban las novelas de Alejandro Dumas, La Historia de los girondinos de Lamartine y la vida de Toussaint Louverture.

Los Maceo asistían al colegio de Mariano Rizo y Francisco y Juan Fernández, pero la educación principal la recibían especialmente de Mariana. El trabajo y la honradez, así como la obediencia y el respeto, eran principios inviolables que recibían de su madre. Los valores morales que predicaba y hacía cumplir tenían como base el amor al trabajo, a la familia y a la patria, así como el respeto y la solidaridad entre los hombres, en una sociedad basada en la esclavitud y la discriminación por el color de la piel.

El 16 de febrero de 1866 Antonio se casó con María Magdalena Cabrales, quien formó parte importante de la familia y fue muy cercana a Mariana. La familia estaba al tanto de la organización del movimiento conspirativo, y, en cuanto llegó la noticia del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, el Diez de octubre de 1868, dos de los hijos del matrimonio Maceo Grajales, Antonio y José, se incorporaron a la lucha.

Según testimonios de los presentes, ese día Mariana entró a la sala con un crucifijo en sus manos y emocionada dijo: “De rodillas todos, padre e hijos; delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella”.

Después de la toma de Bayamo, el 20 de octubre de 1868, tuvo que trasladarse con su esposo e hijos a una finca en un sitio intrincado conocido como Pilotos, para eludir la persecución de que eran objeto. Los españoles destruyeron e incendiaron las propiedades de la familia.

El primer hijo apresado fue Rafael, de dieciocho años de edad, quien pudo escapar de la prisión. Más tarde Mariana debió enfrentar la muerte de su esposo, incorporado al Ejército Libertador, y poco después la del menor de sus hijos, de solo dieciséis años. Ese fue el inicio de la larga lista de heridos, prisioneros y muertos de su estirpe.

Mariana Grajales

Foto: María del Carmen Ramón. Tomada de Cubahora.

La historia recoge entre las anécdotas que evidencian su carácter la ocasión en que sus hijas, nueras y otras mujeres lloraban por la gravedad en que se encontraba su hijo Antonio, después de ser herido en combate. Mariana, mirándolas con firmeza, expresó: “Fuera faldas de aquí, no quiero lágrimas”, y al pasar por el más pequeño de sus hijos, de solo catorce años, le dijo: “¡Y tú, muchacho, empínate, ya es tiempo de que pelees por tu Patria!”.

Después del fracaso de la Guerra de los Diez Años con el Pacto del Zanjón y el cese de los combates posteriores a la Protesta de Baraguá -protagonizada por su hijo, el general Antonio Maceo-, Mariana salió rumbo a Santiago de Cuba, acompañada del doctor Félix Figueredo, y luego en un vapor francés, con destino a Jamaica.

En Kingston se reunió con su hijo Antonio y se estableció en una casa de la capital. La familia atendía una plantación de tabaco y de frutos menores adquirida en las cercanías de la ciudad.

El 13 de mayo de 1878 los emigrados cubanos le dieron un mitin en señal de homenaje, al cual asistió Antonio Maceo con algunos de sus hermanos.

Sus hijos se incorporaron al esfuerzo armado de 1879 a 1880 conocido como Guerra Chiquita. José y Rafael fueron detenidos y encarcelados, al tiempo que Antonio era víctima de la persecución y el control estricto de los cónsules españoles.

Mariana reclamó la libertad de su hijo José Maceo, y para ello visitó al cónsul español en Jamaica, haciéndole creer que la familia no estaba involucrada en los intentos de continuar la lucha y prometiéndole que su hijo no reincidiría en actividades conspirativas. Lo hizo para ganar tiempo y conseguir la liberación de José, quien finalmente logró fugarse del Castillo de la Mola en Mahón, de donde escapó hacia Argelia.

En su casa, Mariana atendía a los enfermos y recibía a figuras importantes de la organización revolucionaria; entre ellos, al delegado del Partido Revolucionario Cubano, José Martí, quien la visitó en dos ocasiones en Jamaica, en octubre de 1892.

No obstante su avanzada edad, participó junto con sus hijas y nueras en la fundación de las asociaciones patrióticas organizadas en Jamaica.

El 6 de marzo de 1893 recibió un duro golpe al morir su hija Baldomera, enferma de tuberculosis, en Santo Domingo. Meses después, el 27 de noviembre de ese mismo año, fallecía en su casa de Kingston.

Foto

Tomada de La polilla cubana.

Fuente

Ficha de Mariana Grajales Coello en EnCaribe.


Lecturas recomendadas

María del Carmen Ramón: “Confesiones de una bisnieta de Mariana Grajales” en Cubahora.

Mariana Grajales Cuello: La buena noticia