(Cienfuegos, 1912 – La Habana, 22 de julio de 1965)

Cantante y directora de orquesta.

Destacada intérprete de los ritmos cubanos. Fue llamada “La Emperatriz del Danzonete”.

Trayectoria artística

Desde niña cantaba en las celebraciones de la escuela pública donde estudió sus primeras letras. A los catorce años de edad la familia se trasladó a La Habana, y la joven comenzó a presentarse en funciones benéficas de las sociedades Unión Fraternal y Centro Maceo. En los teatros capitalinos Campoamor, Esmeralda y Martí comenzó a ser conocida como cantante de tangos y canciones de moda.

Debutó en la radio en la emisora 2PC, situada en la calle Hospital, en el populoso corazón de La Habana, con el son pregón de Moisés Simons El manisero. Más tarde actuó en la emisora CMCJ, que hacia finales de la década de 1920 era una de las más potentes y populares estaciones radiofónicas de la capital cubana. Allí comenzó su carrera profesional como solista de la orquesta Elegante, dirigida por Edelmiro Pérez, que contaba como pianista con Obdulio Morales, quien sería años más tarde compositor y director orquestal.

Entre los éxitos iniciales de Paulina Álvarez –nombre artístico escogido por la joven vocalista- estuvieron Mujer, de Agustín Lara, a la que se le adicionaba un montuno final, y Lágrimas negras, de Miguel Matamoros.

El compositor y flautista matancero Aniceto Díaz la escogió en 1929 para estrenar en La Habana su danzonete Rompiendo la rutina, con tal el éxito que el locutor Rafael Ruíz del Viso la bautizó como “La Emperatriz del Danzonete”, sobrenombre que la acompañó durante toda su carrera.

En la década de 1930 Paulina Álvarez integró como vocalista principal varias orquestas de baile: las de Castillito, Ernesto Muñoz, Cheo Belén Puig, los hermanos Martínez, y Neno González. Con esta última agrupación se mantuvo durante largo tiempo.

En 1938, en una entrevista publicada en la prensa, la artista se lamentaba de que, a pesar de ser una figura conocida y respetada en Cuba, y tras haber triunfado en escenarios de Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana y Argentina, algunos directores de orquesta le pagaban menos que lo que se le solía pagar a un cantante masculino. Esto la decidió a organizar en ese mismo año su propia agrupación.

La primera orquesta de Paulina Álvarez tuvo a Everardo Ordaz como pianista y arreglista. Los conocimientos musicales que había recibido la cantante en la Academia Musical de La Habana (hoy Conservatorio Amadeo Roldán), donde estudió solfeo y teoría, piano, guitarra y canto, le permitieron dirigir de manera efectiva, y no sólo nominalmente, su agrupación.

Grabó varios números entre 1939 y 1940 para la firma discográfica RCA Victor, entre ellos Cacarajícara, de Hermenegildo Cárdenas; Honda pena, de Joaquín Mendível; Duerme, de Gabriel Ruíz; Pimienta y sal, de Rosendo Ruíz y Arrepentido, arreglo como bolero son de un conocido tango argentino. Por la cara opuesta de los números cantados, estos discos contenían danzones instrumentales.

Su desempeño en escena era impecable, y a menudo cantaba llevando el ritmo con las claves. En la década de 1940 organizó una segunda agrupación, que dirigía musicalmente su esposo, el notable violinista Luis Armando Ortega. En 1943 mantuvo un programa estelar de hora y media de duración en la poderosa estación CMQ Radio.

A inicios de la siguiente década, Paulina Álvarez se retiró de los escenarios, aunque el favor del público nunca la abandonó. Este receso culminó en el año 1956, en que regresó para interpretar no sólo sus éxitos de antaño, sino un nuevo repertorio, en el que no faltó el chachachá, ritmo de moda por entonces.

Grabó varios números con el conjunto de Senén Suárez, entre ellos Alma de niño, de Armando Valdespí, que convirtió en un éxito nacional.

A finales de la década de 1950 realizó simpáticas versiones de La violetera (en tiempo de guaguancó) y Mimosa (como chachachá), antiguos cuplés que las películas protagonizadas por la actriz española Sarita Montiel habían traído a la actualidad musical.

En 1959 fue invitada por el maestro Gilberto Valdés a incorporarse como cantante solista a la Gran Orquesta Típica Nacional, que reunió a sesenta y cuatro de los mejores músicos charangueros del país. Bajo la asesoría de Odilio Urfé y Rodrigo Prats, la Orquesta Típica Nacional efectuó una serie de presentaciones exitosas y grabó un disco de larga duración, donde se incluyó un extraordinario arreglo sinfónico del danzonete Rompiendo la rutina, en voz de La Emperatriz.

En adelante, Paulina Álvarez se presentó en recitales y conciertos en varios escenarios de la Isla; hizo temporadas en Tropicana y en el cabaré Caribe del hotel Habana Libre, y actuó de manera sistemática en los mejores programas de radio y televisión.

En 1964 grabó un disco de larga duración para la firma Egrem, respaldada por una big band, con arreglos y dirección del maestro Rafael Somavilla. La placa incluye Campanitas de cristal y Ahora seremos felices, de Rafael Hernández; Obsesión, de Pedro Flores; No vale la pena, de Orlando de la Rosa, Flores negras, de Sergio de Karlo y El panquelero, de Abelardo Barroso, entre otros números famosos que, en su voz, adquirieron un especial carácter.

Actuó por última vez el 18 de mayo de 1965 en el programa de televisión Música y Estrellas, en el que cantó, bailó y realizó un dúo con Barbarito Diez en Lágrimas negras, de Miguel Matamoros, e interpretó Honda pena, de Mendível, respaldada por la Orquesta Aragón.

Foto

Tomada de en EnCaribe.

Fuente

Ficha de Paulina Álvarez en EnCaribe.